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- ¡Socorro, Me Caso! - 3ª parte. La FAMIGLIA -

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3. “LA FAMIGLIA”  

Y decimos "La Famiglia" a la italiana, como si fuéramos Vito Corleone y entendiéramos lo importante que puede ser la tuya, para bien o para mal, en la organización de la Boda.


Hoy en día, esa familia estructurada y casi de película de ciencia ficción, en la que Mamá y Papá son adorables siempre, están felizmente casados desde hace 40 años y no hay hermanos que no se hablen, primos que se hayan jurado el odio eterno, o tías que no puedan sentarse con no sé qué persona…ya no existen. Y las pocas que queden, guardadlas como oro en paño porque están extinción. 



Esto os lo dice una defensora y creyente del amor (qué cursi suena, jajaja, pero es la verdad) aunque también una realista que ve estas cosas con normalidad y positivismo…solo hay que aprender a manejarlas y no permitir que estropeen tu día.  

Así que si te ves en alguna de estas situaciones, si estás preocupada por cómo será juntar a Javier con Nacho que hace años que no se hablan, si tu suegra se ha propuesto tomar todas las decisiones de tu boda o si tus padres están divorciadísimos, te dejamos algunos consejos para que tus sentimientos no quieran hacerse el harakiri durante la organización de la boda.












- El tamaño de la boda. Parece que esto no tienen que ver pero en realidad tiene mucho que ver. Si vas a organizar una boda de 30 personas y 4 no se hablan, créeme…será algo importante para que haya un buen clima. Si tu boda es grande, con más de 150 personas…¡¡no te agobies ni un poco!! Tan solo se ocuparán ellos mismos de no coincidir o mejor aún, de arreglarse en la tercera copa. 



- Habla con ellos. Es importante que les dejes claro que tu boda no es lugar para Capuletos y Montescos. Que vayan mentalizados para no discutir o enfadarse. Que no solo una boda es un lugar impropio para tener peleas de ningún tipo, pero en la tuya no quieres ver cara serias. Aprovéchate un poco de tu condición de novia que para algo lo eres.

- Las mesas. Sí, ese será el momento más tenso porque tendrás que pensarlas con calma para que por supuesto no coincidan aunque en realidad, las mesas son grandes y la gente civilizada. Ya se ocuparán de no hablarse si se diera la situación.

- Vuestra mesa. La mesa presidencial ya es otro cantar porque puede que tus padres, sus padres o ambos estén divorciados, separados o viudos. ¿Qué hacer con ellos o con las parejas? Pues dependerá del estilo de boda que hayáis decidido tener. Protocolariamente, la mesa presidencial debe estar compuesta por madrina, padre del novio, padrino, madre de la novia, novios y en caso de que sea ceremonia religiosa, el sacerdote también debería compartir esta mesa.
 

Y si no tenéis que ceñiros a ningún protocolo, dejad que sea el sentido común el que decida pero siempre pensando que si no hay protocolo, ¡no hay protocolo! y por tanto no tenéis que tenerlo solo en esto. Es super común que veamos novias que no hacen entrada protocolaria, no hacen ceremonia protocolaria, no bailan vals pero después sufren mucho por cómo organizar las mesas “a la antigua” para tener a los padres contentos. Pues bien, si vuestros padres no pueden ni verse, si las parejas tampoco, si creéis que el clima en la mesa será raro …haced una mesa de amigos. Cada vez está más de moda, podéis colocar las mesas de padres pegadas a la vuestra, cada uno la suya y con sus amigos. De verdad, ellos disfrutarán más, vosotros también y el “qué dirán” hace muchas décadas que ya no se lleva.


- Familia Política.

Sí, sabemos que has estado entrenando distintos métodos de relajación para no desesperarte con tus suegros. Prueba a repetir eso de “Soy un junco hueco, soy un junco hueco” cuando veas que se acercan a ti con papeles bodiles en mano.
Lidiar con tu familia política es peor que difícil, porque les entiendes menos que a los tuyos y encima no puedes meterle un grito a la madre de tu novio en un momento de tensión, porque primero no te lo perdonaría como si fueras su hija y segundo, seguramente entraría en pánico pensando en qué tipo de “loca peligrosa” ha elegido su pobre hijo para casarse.

Así que nuestros consejos son los siguientes:

a) Sé clara. Primero con él. Luego con ellos. Antes de la boda, habla con tu pareja sobre cuánto vais a dejar participar a vuestros padres en las decisiones. Incluso si ellos pagan/ayudan económicamente, no quiere decir que tengan derecho a decidir. Si es un regalo, es un regalo. Cuando alguien te regala un cuadro, no aparece en tu casa Black and Decker en mano dispuesto a colgarlo donde mejor le venga porque “oye, es un regalo, yo decido”. Así que sé clara porque será lo mejor que os pueda pasar. Contadles que si os ayudan a pagar la boda, estáis eternamente agradecidos, que si participan y opinan estáis felices, pero que queréis que las decisiones estén en vuestra mano en todo momento. Y si con esta pre-charla aún quieren ayudaros, entonces la ayuda merece la pena.



b) Elige dónde dejarles participar. Es decir…si tu suegra es de esas madres que quieren decidir y hacer cosas en la boda de su hijo, tampoco hagas que la mujer se quede sin nada que hacer y que vuestra vida se convierta en un “Mi madre dice”, “mi madre está triste porque”. Anticípate. Pídele. Elige bien qué puede hacer para ayudarte porque seguro que hay infinidad de cosas que puede hacer: buscar cestas, elegir alpargatas, hacer bolsitas de confetti… Deja que opine sin exasperarte, porque a fin de cuentas tú decidirás lo que quieras…no es necesario que todo sea un debate por no estar de acuerdo.

c) El exceso de sinceridad está sobrevalorado. Sabemos que no es políticamente correcto decir esto, pero no es necesario que le cuentes a tu suegra todos los lugares a los que vas acompañada de tu madre/hermana/amigas. Seguramente ella pensará: ¿y yo? Y créeme, puede acabar dándote pena o mucho peor…¡dándosela a tu novio!


d) Quiéreles. De vez en cuando, intenta mirar a tus suegros con el cariño con el que se mira a unos padres. Yo siempre digo que tengo la inmensa suerte de querer mucho a mis suegros y eso me hace la vida más fácil. No porque no discuta con ellos, sino porque puedo discutir con ellos y como buena hija, después presentarme a comer en su casa un martes cualquiera como si no hubiera pasado nada. A veces, querer hace que te quieran e incluso hace que te importe menos que se metan en todo.




*Y si nada de esto funciona, cómprate un cojín bien mullidito y dale muchos golpes antes de dormir para descargar tensiones… Jajajaja…no hará que tu boda salga mejor pero desde luego, tendrás mejor piel cuando llegues al altar.

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